Oscar López Rivera lamenta la pobreza que quedó al descubierto tras el paso del huracán María en septiembre pasado. (GFR Media)

miércoles, 16 de mayo de 2018 – 12:00 AM
Por José A. Delgado Robles
EL NUEVO DIA

El exprisionero político, excarcelado el 17 de mayo de 2017, reflexiona sobre el Puerto Rico que encontró

Washington – Al cumplirse un año de su excarcelación, el ex prisionero político Oscar López Rivera dice aún sorprenderse del nivel de pobreza que encuentra al caminar por el Puerto Rico que desenmascaró el huracán María.

“Han sido 12 meses de ricas y buenas experiencias. Pero ha sido doloroso ver a Puerto Rico en las condiciones en que está. La realidad asombra y después del huracán María las condiciones han empeorado. No había visto la pobreza en Puerto Rico como se ha reflejado después del huracán”, indicó López Rivera, en una entrevista telefónica.

Mañana se cumple un año de la extinción de su sentencia, conmutada por el entonces presidente Barack Obama en enero de 2017, sujeto a que cumpliera cuatro meses más de cárcel.

Junto a representantes de la Agenda Puertorriqueña de Chicago, López Rivera –el último prisionero político independentista puertorriqueño de la Guerra Fría– tiene previsto celebrar el primer año de su excarcelación con un evento en Comerío.

López Rivera, de 75 años, estuvo 36 años en la cárcel después de haber sido convicto principalmente de conspiración sediciosa – bajo la teoría jurídica de que promovía el derrocamiento del gobierno de EE.UU., debido a su militancia en el grupo clandestino independentista Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), que reclamó la autoría de decenas de atentados, sobre todo, en la década de 1970.

A los atentados de las FALN, el FBI le atribuyó cinco muertes. Pero López Rivera –a quien el FBI nunca vinculó con alguno de los atentados– ha insistido en que “no tengo sangre en mis manos”.

Desde el 9 de febrero de 2017, los primeros tres meses bajo arresto domiciliario, vive en Santurce con su hija Clarisa.

Su rutina, dice, en algunas áreas no ha cambiado mucho. “Es una agenda bastante llena, como en la prisión”, sostuvo. Sigue levantándose cerca de las 4:00 a.m. para ejercitarse hasta por dos horas.

Pero, sin los muros de la cárcel, López Rivera dijo que pasa gran parte de su tiempo en comunidades desventajadas y ofreciendo conferencias.

A su hija, dijo, la ve poco en la semana, pues sostiene que ambos tienen largas jornadas.

Ha podido compartir con su nieta Karina, quien estudia para ser dentista, en viajes que ha dado California. “He tenido la oportunidad de estar con ella en dos ocasiones. Sigue estudiando y está bien entusiasmada”, dijo.

Desde la prisión, López Rivera escribió las “cartas a Karina”, que se publicaron entre 2013 y 2014 en El Nuevo Día. Como doctora, prevé que su nieta aplicará “ese sentido fuerte que tiene de interesarse por la gente”.

Después de 36 años, López Rivera contóque también ha vuelto a conducir. Le regalaron “un carrito” en junio pasado y ahora suele guiar desde Santurce hasta el bufete del abogado independentista José Juan Nazario, en el mismo pueblo de Río Piedras, que le ha facilitado un despacho para reuniones y organizar tareas de su fundación, Libertá.

Por pasar tiempo en RíoPiedras, tiene la oportunidad de interactuar con estudiantes de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

Antes de junio pasado, la última vez que condujo fue cuando estaba en la clandestinidad en Chicago, el 29 de abril de 1981, cuando lo arrestaron por hacer un viraje de 180 grados que no estaba permitido y las autoridades, luego de varias horas, descubrieron que se trataba del entonces militante de las FALN.

Le parece que las carreteras en Puerto Rico se han tornado complicadas y que “algunas veces hay que hacer un poco de magia para no chocar”.

“Me enfoco principalmente en comunidades, principalmente en Loíza, que tiene un potencial enorme para cambiar. La alcaldesa (Julia Nazario) es una mujer que trabaja duro y creo que es el municipio en que el porcentaje de personas jóvenes es más alto”, dijo.

Con el apoyo de un profesor del Instituto de Tecnología de Illinois, estudian la posibilidad de construir o habilitar alguna estructura en desuso para establecer un centro comunitario en Loíza.

López Rivera afirmó que ha podido estar en varios municipios colaborando con los trabajos de recuperación. Pero dice que ha visto la crudeza de la pobreza también en barrios de San Juan, como Buen Consejo y Venezuela.

“El disfuncionamiento es bastante grande y todo lo que está pasando –con las medidas de austeridad– acelera todo”, dijo.

López Rivera considera que el país tiene que estar vigilante de los esfuerzos de privatización, que pueden agravar las medidas de austeridad que proponen el gobierno y la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) a cargo de las finanzas públicas.

Piensa en los ciudadanos que desde distintos lugares tienen que pagar “hasta seis dólares diarios” de peaje para transitar por las carreteras de la isla. Y teme que los cierres de escuelas provoquen hacinamiento en los salones, el despido de maestros y desincentive la educación pública.

De otra parte, López Rivera elogió la propuesta del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que parece estar bajo estudio del gobernador Ricardo Rosselló, para convocar a una consulta en la que el pueblo pueda expresar si quiere o no el control de la Junta de Supervisión Fiscal y reclamar a Estados Unidos un proceso de descolonización.

“Es una buena idea”, sostuvo el ex prisionero independentista, al advertir que “es necesario que nos escuchemos los unos a los otros” y “seguir buscando diferentes maneras de expresar nuestro disgusto con la junta, que es algo bien ofensivo e insultante”.